Cuando el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido reflexionar unos días sobre la posibilidad de dimitir de su cargo, resulta interesante recordar que en la historia de la democracia española solo un presidente del Gobierno ha dimitido, hasta ahora. Lo hizo Adolfo Suárez el 29 de enero de 1981.

Suárez, protagonista principal de la Transición de la dictadura franquista a la democracia, destacó por conseguir con un amplio consenso político que se aprobaran los Pactos de la Moncloa en octubre de 1977 para sacar al país de la grave crisis económica que sufría, así como la casi unánime aprobación de la Constitución de 1978, que está a punto de convertirse en la más longeva de toda la Historia de España. Ganador de las elecciones de 1977 y 1979, tras más de cuatro años como presidente su desgaste político y personal le llevó a la dimisión final.

Como causas de esta decisión única de dejar el cargo político más importante del país destacan: las profundas divisiones existentes en su partido, Unión de Centro Democrático; la pérdida de confianza del Rey Juan Carlos I; la fortísima oposición del Partido Socialista de Felipe González, quien llegó a presentar una moción de censura contra él; los violentos y numerosos atentados terroristas que asolaron el país en esos «años de plomo»; y la animadversión del Ejército que no perdonaba a Suárez la legalización del Partido Comunista, y que conspiraba contra él y contra la democracia, como se comprobó finalmente el 23-F.
Pero entre estas causas de la dimisión de Adolfo Suárez no estaba la corrupción, algo que sí ha caracterizado a las posteriores crisis de presidentes de Gobierno: El indebido uso de los fondos reservados en los casos Luis Roldán o GAL provocaron que Felipe González adelantara y perdiera las elecciones en 1996; el caso Gürtel hizo que en 2018 Mariano Rajoy perdiera la presidencia de Gobierno en una moción de censura; o actualmente, el hecho de que el presidente Pedro Sánchez se esté planteando dimitir ante una denuncia contra su esposa por tráfico de influencias y corrupción.
Para concluir con el asunto de la dimisión del presidente Adolfo Suárez, cabe destacar que su decisión irrevocable no fue anunciada con antelación ni pospuesta públicamente tras ningún periodo de reflexión, sino que la noche del 29 de enero de 1981, y por sorpresa, Adolfo Suárez anunció en un serio discurso por televisión su decisión de dimitir con frases como la siguiente: «Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia».

