LA TRANSICIÓN: UNA LECCIÓN DE HISTORIA

En una semana poco afortunada para la historia política de España, con constantes descalificaciones e incluso insultos en el mismísimo Congreso de los Diputados, entre los cada vez más fanáticos militantes de unos bandos u otros que ocupan los escaños de la Cámara Baja, se produjo en Madrid una conferencia titulada «La Transición y la Constitución de 1978″.

Participaron en esa conferencia dos testigos de la Transición: Javier Rupérez y Juan José Laborda. El primero, diplomático de carrera, perteneció a UCD donde trabajó para el entonces ministro de Asuntos Exteriores Marcelino Oreja, y terminó su carrera política en el Partido Popular. Juan José Laborda, historiador y profesor, mantuvo una larga carrera política como senador del PSOE, e incluso llegó a ser presidente del Senado entre 1989 y 1996.

La conferencia estuvo moderada por el veterano periodista Carlos Dávila, quien inició el acto afirmando, a tenor de la actual situación política de España, que «la Transición está destruida», aunque después afirmó que parece que se está dando cierta reacción popular para salvarla.

Ante estas iniciales afirmaciones, Rupérez y Laborda fueron repasando diferentes lecciones de historia que se pueden extraer de la Transición. Rupérez empezó afirmando que «el pueblo quería la Transición» y por ello destacó como personajes decisivos al «Rey, Suárez, Fraga y Carrillo, que se reunieron para vivir en paz, como querían los españoles». Además Rupérez destacó que la Transición se basó en «la reconciliación, el perdón, el olvido y la concordia«.

Laborda, como historiador, afirmó por su parte que la Transición comenzó en agosto de 1975 cuando se firmó el Acta Final de Helsinki, un acta de consenso como colofón a la conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa que fue como «el tratado de paz de la Guerra Fría», y cuyos valores de defensa de los Derechos Humanos aparecen claramente reflejados en la Constitución española de 1978.

También destacó Juan José Laborda como antecedente histórico de la Transición al denominado Contubernio de Múnich de 1962, donde «llegaron a saludarse enemigos de la Guerra Civil como el socialista Rodolfo Llopis y el antiguo líder de la CEDA, José María Gil Robles», y donde «no se reivindicó la República sino el Europeísmo«.

Desde su punto de vista diplomático, Javier Rupérez, se centró en la política exterior y recordó cómo tras ganar las primeras elecciones democráticas en junio de 1975, el presidente Suárez visitó Europa para solicitar el ingreso en la Comunidad Económica Europea, así como países como México y Estados Unidos. «Lo que hizo España durante la Transición fue motivo de admiración universal, y se vio como todo un ejemplo», aseguró Rupérez para quien también fue fundamental el Rey Juan Carlos I, por ejemplo, en su viaje a Estados Unidos en abril de 1976.

Tanto Laborda y como Rupérez coincidieron en que la Transición no fue perfecta. Pero aun así Rupérez solicitó que «aprendamos la lección y que los partidos políticos actuales se comporten adecuadamente». Además afirmó que «hay que mantener la actual Constitución. Pocos países han hecho cambios en sus constituciones».

Laborda por su parte, aseguró que «el actual problema territorial de España es un problema de los partidos políticos» y que es una «anormalidad» mantener un Senado como el actual «que no sirve para nada».

Como conclusión el que fuera presidente del Senado añadió que una posible «solución a la situación actual sería que los partidos constitucionales se pongan de acuerdo. Ya hicimos un consenso durante la Transición», mientras que Javier Rupérez reivindicó «la responsabilidad de los ciudadanos, mantener la Constitución y especialmente ese artículo que destaca que somo una patria común e indivisible».

Publicado por jorgesuarezborrajo

Profesor de Geografía e Historia, Educación Secundaria. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) y en Geografía e Historia.

Deja un comentario