Se cumplen estos días cincuenta años del XIII Congreso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la localidad francesa de Suresnes, el último que esta fuerza política organizó en el exilio. En 1974 no había libertad de partidos debido a la dictadura franquista por lo que el PSOE solía celebrar sus congresos en Francia. Este congreso resultó decisivo para el futuro del partido y del país, puesto que allí se nombró a Felipe González como nuevo líder, y solo ocho años después logró ser presidente del Gobierno al arrasar su partido en las elecciones generales.

Entre el 11 y el 13 de octubre de aquel año se reunieron en el teatro Jean Vilar de Suresnes, muy cerca de París. Allí se produjo la ruptura definitiva entre las dos posturas que luchaban desde hacía unos dos años por ganarse el apoyo de la Internacional Socialista y por liderar el partido en España.
Por un lado estaban los socialistas históricos dirigidos por Rodolfo Llopis y que vivían en el exilio prácticamente desde la derrota en la Guerra Civil, y por otro lado se encontraban los jóvenes renovadores, que no habían vivido la guerra y que conocían mejor la realidad de España al vivir en el país.
Esos jóvenes organizaban sus reuniones en España de forma clandestina y se pusieron un apodo para no ser identificados por las fuerzas de orden público franquistas. Destacaban los sevillanos Felipe González (Isidoro) y Alfonso Guerra (Andrés), los vascos Nicolás Redondo (Juan) y Enrique Múgica (Goizalde), y los madrileños Pablo Castellano (Hervás) y Francisco Bustelo (Paco).

El encuentro socialista de Suresnes, en el que se debía elegir al nuevo secretario general del partido se inició con un premonitorio discurso de Felipe González, quien destacó que “el Congreso tiene una importancia histórica. El Partido Socialista tiene hoy un compromiso que no sólo abarca a los socialistas, sino que abarca a la totalidad del pueblo español”.
La mayoría de los militantes presentes, unos tres mil quinientos con derecho a voto, querían que Nicolás Redondo fuera el nuevo secretario general, pero este se negó ya que quería seguir su carrera sindical. Fue entonces cuando se propuso al abogado sevillano Felipe González para el cargo.
Tras unos duros debates y un supuesto “pacto del Betis”, acuerdo entre los sevillanos y los vascos que denunció el madrileño Pablo Castellano, finalmente fue elegido Felipe González para dirigir el PSOE. El nuevo líder socialista afirmó posteriormente que su elección se había realizado “por exclusión”.
Al volver a España, Felipe González fue entrevistado por El Correo de Andalucía y acabó pasando junto al periodista una noche en la Jefatura Superior de Policía de Sevilla. Luego se desplazó a Madrid desde donde su partido creció vertiginosamente logrando ser la principal fuerza nacional de izquierdas en las elecciones generales de 1977 y 1979, solo por detrás de la UCD de Suárez. Finalmente el PSOE de Felipe González logró una aplastante victoria con más de diez millones de votos en las elecciones del 28 de octubre de 1982.
