CONGRESO DEL PSOE EN SURESNES: FELIPE GONZÁLEZ, NUEVO LÍDER

Se cumplen estos días cincuenta años del XIII Congreso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la localidad francesa de Suresnes, el último que esta fuerza política organizó en el exilio. En 1974 no había libertad de partidos debido a la dictadura franquista por lo que el PSOE solía celebrar sus congresos en Francia. Este congreso resultó decisivo para el futuro del partido y del país, puesto que allí se nombró a Felipe González como nuevo líder, y solo ocho años después logró ser presidente del Gobierno al arrasar su partido en las elecciones generales.

Entre el 11 y el 13 de octubre de aquel año se reunieron en el teatro Jean Vilar de Suresnes, muy cerca de París. Allí se produjo la ruptura definitiva entre las dos posturas que luchaban desde hacía unos dos años por ganarse el apoyo de la Internacional Socialista y por liderar el partido en España.

Por un lado estaban los socialistas históricos dirigidos por Rodolfo Llopis y que vivían en el exilio prácticamente desde la derrota en la Guerra Civil, y por otro lado se encontraban los jóvenes renovadores, que no habían vivido la guerra y que conocían mejor la realidad de España al vivir en el país. 

Esos jóvenes organizaban sus reuniones en España de forma clandestina y se pusieron un apodo para no ser identificados por las fuerzas de orden público franquistas. Destacaban los sevillanos Felipe González (Isidoro) y Alfonso Guerra (Andrés), los vascos Nicolás Redondo (Juan) y Enrique Múgica (Goizalde), y los madrileños Pablo Castellano (Hervás) y Francisco Bustelo (Paco).

El encuentro socialista de Suresnes, en el que se debía elegir al nuevo secretario general del partido se inició con un premonitorio discurso de Felipe González, quien destacó que “el Congreso tiene una importancia histórica. El Partido Socialista tiene hoy un compromiso que no sólo abarca a los socialistas, sino que abarca a la totalidad del pueblo español”.

La mayoría de los militantes presentes, unos tres mil quinientos con derecho a voto, querían que Nicolás Redondo fuera el nuevo secretario general, pero este se negó ya que quería seguir su carrera sindical. Fue entonces cuando se propuso al abogado sevillano Felipe González para el cargo. 

Tras unos duros debates y un supuesto “pacto del Betis”, acuerdo entre los sevillanos y los vascos que denunció el madrileño Pablo Castellano, finalmente fue elegido Felipe González para dirigir el PSOE. El nuevo líder socialista afirmó posteriormente que su elección se había realizado “por exclusión”.

Al volver a España, Felipe González fue entrevistado por El Correo de Andalucía y acabó pasando junto al periodista una noche en la Jefatura Superior de Policía de Sevilla. Luego se desplazó a Madrid desde donde su partido creció vertiginosamente logrando ser la principal fuerza nacional de izquierdas en las elecciones generales de 1977 y 1979, solo por detrás de la UCD de Suárez. Finalmente el PSOE de Felipe González logró una aplastante victoria con más de diez millones de votos en las elecciones del 28 de octubre de 1982.

LA TRANSICIÓN EN LA ACTUALIDAD (Verano de 2024)

Acaba de terminar el verano por lo que es un buen momento para valorar la plena actualidad que está teniendo la Transición desde diferentes puntos de vista: libros publicados y a publicar próximamente, una serie de televisión, una obra de teatro y una exposición fotográfica.

Hace unos días, la revista francesa Point de vue anunciaba que el rey emérito Juan Carlos I publicará en los próximos meses un libro de memorias titulado “Reconciliación”. En la publicación gala se indica que pese a que su padre siempre le había aconsejado no escribir un libro de memorias y que los secretos de los reyes debían quedar siempre en la penumbra de los palacios, Juan Carlos ha decidido ahora cambiar de idea y publicar sus memorias. “Tengo la sensación de que me están robando mi historia”, justifica el rey de la Transición.

Por otra parte, poco antes del verano el Teatro Español, en Madrid, ofreció una primera versión de la obra “Carmen, nada de nadie”, que ha retomado el 10 de septiembre, y en la que se narran diferentes episodios de la vida de Carmen Díez de Rivera, quien tuvo un papel clave en la Transición como directora de Gabinete del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, y como amiga del rey Juan Carlos I. Se destaca especialmente en la representación teatral cómo Carmen Díez de Rivera insistió especialmente en la necesidad de legalizar el Partido Comunista de España, para lograr la plena democracia.

También en el mes de septiembre, el libro “Objetivo: Democracia. Crónica del proceso político que transformó España” ha ganado el premio Espasa de Ensayo. El libro del periodista Juan Fernández-Miranda trata sobre los frenéticos meses de la Transición que se vivieron entre la muerte de Franco y las primeras elecciones generales, y se publicará en este mes de octubre.

TVE comenzó a emitir semanalmente en septiembre la serie “Las Abogadas”, que trata sobre cómo Lola González, Manuela Carmena, Cristina Almeida y Francisca Sauquillo iniciaron su carrera en la abogacía durante los años finales del franquismo y principios de la Transición, hasta que sufrieron muy de cerca la matanza de los abogados de Atocha.

Por último, durante todo el verano, la galería Nikon ha ofrecido una interesante exposición de fotografías titulada “Una España que camina en la democracia”, en la que se podían contemplar imágenes tomadas por 17 fotógrafos como Gonzalo Cruz, Antonio Catalán, Gustavo Cuevas o César Lucas,  sobre diferentes personalidades políticas y culturales destacadas de la Transición.

LA TRANSICIÓN: UNA LECCIÓN DE HISTORIA

En una semana poco afortunada para la historia política de España, con constantes descalificaciones e incluso insultos en el mismísimo Congreso de los Diputados, entre los cada vez más fanáticos militantes de unos bandos u otros que ocupan los escaños de la Cámara Baja, se produjo en Madrid una conferencia titulada «La Transición y la Constitución de 1978″.

Participaron en esa conferencia dos testigos de la Transición: Javier Rupérez y Juan José Laborda. El primero, diplomático de carrera, perteneció a UCD donde trabajó para el entonces ministro de Asuntos Exteriores Marcelino Oreja, y terminó su carrera política en el Partido Popular. Juan José Laborda, historiador y profesor, mantuvo una larga carrera política como senador del PSOE, e incluso llegó a ser presidente del Senado entre 1989 y 1996.

La conferencia estuvo moderada por el veterano periodista Carlos Dávila, quien inició el acto afirmando, a tenor de la actual situación política de España, que «la Transición está destruida», aunque después afirmó que parece que se está dando cierta reacción popular para salvarla.

Ante estas iniciales afirmaciones, Rupérez y Laborda fueron repasando diferentes lecciones de historia que se pueden extraer de la Transición. Rupérez empezó afirmando que «el pueblo quería la Transición» y por ello destacó como personajes decisivos al «Rey, Suárez, Fraga y Carrillo, que se reunieron para vivir en paz, como querían los españoles». Además Rupérez destacó que la Transición se basó en «la reconciliación, el perdón, el olvido y la concordia«.

Laborda, como historiador, afirmó por su parte que la Transición comenzó en agosto de 1975 cuando se firmó el Acta Final de Helsinki, un acta de consenso como colofón a la conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa que fue como «el tratado de paz de la Guerra Fría», y cuyos valores de defensa de los Derechos Humanos aparecen claramente reflejados en la Constitución española de 1978.

También destacó Juan José Laborda como antecedente histórico de la Transición al denominado Contubernio de Múnich de 1962, donde «llegaron a saludarse enemigos de la Guerra Civil como el socialista Rodolfo Llopis y el antiguo líder de la CEDA, José María Gil Robles», y donde «no se reivindicó la República sino el Europeísmo«.

Desde su punto de vista diplomático, Javier Rupérez, se centró en la política exterior y recordó cómo tras ganar las primeras elecciones democráticas en junio de 1975, el presidente Suárez visitó Europa para solicitar el ingreso en la Comunidad Económica Europea, así como países como México y Estados Unidos. «Lo que hizo España durante la Transición fue motivo de admiración universal, y se vio como todo un ejemplo», aseguró Rupérez para quien también fue fundamental el Rey Juan Carlos I, por ejemplo, en su viaje a Estados Unidos en abril de 1976.

Tanto Laborda y como Rupérez coincidieron en que la Transición no fue perfecta. Pero aun así Rupérez solicitó que «aprendamos la lección y que los partidos políticos actuales se comporten adecuadamente». Además afirmó que «hay que mantener la actual Constitución. Pocos países han hecho cambios en sus constituciones».

Laborda por su parte, aseguró que «el actual problema territorial de España es un problema de los partidos políticos» y que es una «anormalidad» mantener un Senado como el actual «que no sirve para nada».

Como conclusión el que fuera presidente del Senado añadió que una posible «solución a la situación actual sería que los partidos constitucionales se pongan de acuerdo. Ya hicimos un consenso durante la Transición», mientras que Javier Rupérez reivindicó «la responsabilidad de los ciudadanos, mantener la Constitución y especialmente ese artículo que destaca que somo una patria común e indivisible».

LA DIMISIÓN DE UN PRESIDENTE: SUÁREZ

Cuando el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido reflexionar unos días sobre la posibilidad de dimitir de su cargo, resulta interesante recordar que en la historia de la democracia española solo un presidente del Gobierno ha dimitido, hasta ahora. Lo hizo Adolfo Suárez el 29 de enero de 1981.

Suárez, protagonista principal de la Transición de la dictadura franquista a la democracia, destacó por conseguir con un amplio consenso político que se aprobaran los Pactos de la Moncloa en octubre de 1977 para sacar al país de la grave crisis económica que sufría, así como la casi unánime aprobación de la Constitución de 1978, que está a punto de convertirse en la más longeva de toda la Historia de España. Ganador de las elecciones de 1977 y 1979, tras más de cuatro años como presidente su desgaste político y personal le llevó a la dimisión final.

Como causas de esta decisión única de dejar el cargo político más importante del país destacan: las profundas divisiones existentes en su partido, Unión de Centro Democrático; la pérdida de confianza del Rey Juan Carlos I; la fortísima oposición del Partido Socialista de Felipe González, quien llegó a presentar una moción de censura contra él; los violentos y numerosos atentados terroristas que asolaron el país en esos «años de plomo»; y la animadversión del Ejército que no perdonaba a Suárez la legalización del Partido Comunista, y que conspiraba contra él y contra la democracia, como se comprobó finalmente el 23-F.

Pero entre estas causas de la dimisión de Adolfo Suárez no estaba la corrupción, algo que sí ha caracterizado a las posteriores crisis de presidentes de Gobierno: El indebido uso de los fondos reservados en los casos Luis Roldán o GAL provocaron que Felipe González adelantara y perdiera las elecciones en 1996; el caso Gürtel hizo que en 2018 Mariano Rajoy perdiera la presidencia de Gobierno en una moción de censura; o actualmente, el hecho de que el presidente Pedro Sánchez se esté planteando dimitir ante una denuncia contra su esposa por tráfico de influencias y corrupción.

Para concluir con el asunto de la dimisión del presidente Adolfo Suárez, cabe destacar que su decisión irrevocable no fue anunciada con antelación ni pospuesta públicamente tras ningún periodo de reflexión, sino que la noche del 29 de enero de 1981, y por sorpresa, Adolfo Suárez anunció en un serio discurso por televisión su decisión de dimitir con frases como la siguiente: «Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia».

DOCUMENTAL «LAS ARMAS NO BORRARÁN TU SONRISA»

Se acaba de estrenar un documental coproducido por el Colectivo de Olvidados de la Transición (COT) y Atrapasueños Cinema, en el que se recuerda a las más de 250 víctimas mortales de ataques terroristas ultraderechistas y de miembros de Fuerzas del Orden Público, prestando especial atención a los que fallecieron durante la denominada Semana Negra de la Transición, a finales del mes de enero de 1977. El título es una frase encontrada en el dorso de la foto de una de las víctimas, Arturo Ruiz, y que fue escrita por su padre dos años después de su asesinato.

En este largometraje de cien minutos se relatan principalmente los asesinatos del joven de 19 años Arturo Ruiz cuando asistía a una manifestación pro amnistía el 23 de enero y fue tiroteado por un comando ultraderechista de Legionarios de Cristo Rey; de la joven Mari Luz Nájera cuando al día siguiente participaba, también en Madrid, en una manifestación de protesta por el asesinato de Arturo Ruiz y recibió en la nuca el disparo de una pelota de goma lanzada por un policía, y cuyo cuerpo tirado en el suelo recibió después numerosas patadas de varios agentes; y de los cinco trabajadores del despacho de abogados laboralistas de Atocha que murieron tiroteados esa misma noche del 24 de enero por tres matones ultraderechistas.

Para explicar estos crímenes el documental dirigido por Adolfo Dufour ofrece el testimonio de personas muy cercanas a estas víctimas como el hermano de Arturo Ruiz, Manuel, al que se considera clave en la realización de este documental por su constante insistencia, aunque murió el pasado mes de enero sin poder verlo; el abuelo de Mari Luz Nájera, Aurelio, quien recuerda todos los días a su «guapa» nieta con una foto de ella ya desgastada que lleva siempre en la cartera; y el único superviviente actual de la matanza de Atocha Alejandro Ruiz Huerta quien, tras relatar con emoción cómo fue el atentado, cómo murieron sus compañeros y cómo se salvó él al caerle encima el cuerpo de uno de los fallecidos, asegura que todavía siente «miedo», casi cincuenta años después.

El documental no se olvida de los otros fallecidos a causa del terrorismo ultraderechista y entre los testimonios ofrece una sucesión de imágenes y textos sobre diferentes víctimas de atentados ultraderechistas. También cabe destacar el testimonio del presidente del COT, Javier Almazán, quien relata cómo su hermano de 18 años Ángel Almazán murió en una manifestación el 15 de diciembre de 1976, día del referéndum de la Ley para la Reforma Política, al recibir una paliza por parte de dos policías. Javier Almazán le dice a Manuel Ruiz en un momento del documental que «se plantó un pilar de la Transición sobre el cuerpo de mi hermano, y unos días después sobre el cuerpo del tuyo».

Pero el documental no solo lamenta estos crímenes, sino que denuncia además que los asesinos no pagaron por ello jurídicamente y que todos estos asesinatos fueron quedando prácticamente olvidados. Es especialmente relevante el testimonio de otro hermano de Arturo Ruiz, Miguel Ángel, quien aunque valora positivamente lo logrado en la Transición política, critica negativamente que «en la justicia y en las fuerzas de seguridad del Estado no hubo transición en aquellos años». por lo que todavía a día de hoy están luchando para que estos asesinatos que ellos consideran «de lesa humanidad» no prescriban y que, por ejemplo, se pueda detener al asesino de su hermano, José Ignacio Fernández Guaza, localizado recientemente en Argentina por el diario El País.

Eso hace que todavía a día de hoy estén luchando para que estos asesinatos que ellos consideran «de lesa humanidad» no prescriban y que, por ejemplo, se pueda detener al asesino de Arturo Ruiz, José Ignacio Fernández Guaza, localizado recientemente en Argentina por el diario El País. A los policías culpables de la muerte de Mari Luz Nájera y Miguel Almazán ni siquiera se les identificó, mientras que los tres autores de la matanza de Atocha, todos ellos vinculados a Fuerza Nueva, huyeron durante algún permiso carcelario.

ADOLFO SUÁREZ, EL POLÍTICO DEL CONSENSO

En un momento como el actual en el que es prácticamente imposible encontrar un político de cierto nivel que busque la unión de todos por el bien común, y en el que todos se dedican a atacarse e insultarse día tras día, puede resultar muy necesario recordar la labor realizada por Adolfo Suárez, el primer presidente democrático posterior al franquismo, de cuyo fallecimiento se acaban de cumplir diez años.

Sus primeros pasos políticos los dio en el tardofranquismo donde su ambición le abrió paso dentro del Movimiento, el único partido legal de la dictadura. No obstante, desde cargos como el de Gobernador Civil de Segovia y el de Director de Radiodifusión y Televisión (la actual RTVE), llamó la atención del entonces príncipe Juan Carlos de Borbón, que decidió, ya como Rey, apostar por él en julio de 1976 para nombrarle presidente del Gobierno.

Su nombramiento fue entonces muy criticado prácticamente por todos («¡Qué error! ¡Qué inmenso error!»), pero especialmente por la oposición que reclamaba una democracia para el país y que veía en Suárez a un franquista más. Pero ahí es donde se vio la personalidad demócrata de este personaje apoyado por el Rey Juan Carlos I y el profesor de éste, Torcuato Fernández-Miranda.

Siempre deseoso de hacer partícipe al pueblo en el camino hacia la democracia, enseguida les transmitió por televisión y desde su propia casa, su principal objetivo: alcanzar acuerdos para convertir a España en un país moderno y «hacer un esfuerzo para elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal».

Ya como Presidente, Suárez logró que las Cortes franquistas aprobaran la Ley para la Reforma Política con 425 votos de los 531 procuradores, una ley que abría las puertas a la legalización de los partidos políticos y a unas elecciones generales. Pese a la polémica que podía causar, decidió legalizar el Partido Comunista de Carrillo al que tanto odiaban los franquistas y especialmente los altos mandos militares. Y después se celebraron las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, cuando todavía no hacía un año del nombramiento de Suárez como presidente del Gobierno.

Se ha criticado en ocasiones la decisión de Suárez de presentarse a aquellas elecciones creando el partido Unión de Centro Democrático (UCD), pero quedaban unos pasos decisivos para convertir a España en una democracia plena y para ello trabajó Suárez buscando siempre el máximo consenso.

En plena crisis económica, Suárez consiguió que los partidos políticos acordaran unidos los Pactos de la Moncloa. Posteriormente las principales fuerzas políticas elaboraron una Constitución que fue aprobada tanto en las Cortes como en el referéndum del 6 de diciembre de 1978 por una amplísima mayoría, siendo ésta una de las causas por la que esta Carta Magna está a punto de convertirse en la más longeva en vigor de toda la Historia de España.

Discurso de investidura de Suárez, el 30 de marzo de 1979 (Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España (Atribución or Atribución), via Wikimedia Commons)

Después de lograr dos victorias electorales con mayoría absoluta y ante el evidente desgaste tanto de UCD como de su propio presidente, Suárez decide anunciar también por televisión su dimisión el 29 de enero de 1981. «Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia», dijo entonces Suárez, convirtiéndose en el único presidente del Gobierno que ha dimitido desde entonces en España.

Y cuando se votaba a su sucesor como presidente del Gobierno, Suárez mostró una actitud gallarda el 23-F enfrentándose personalmente a los golpistas y siendo uno de los tres únicos parlamentarios que no se tiraron al suelo cuando se produjeron los temidos disparos en el Congreso de los Diputados.

Posteriormente, y tras algún nuevo proyecto político, Suárez fue devorado por una enfermedad que le hizo perder la memoria, una pena teniendo en cuenta que sus Memorias seguramente habrían ofrecido unas lecciones muy útiles para cualquier persona demócrata de este país.

CARMEN DÍEZ DE RIVERA, LA MUSA DE LA TRANSICIÓN

La vida de Carmen Díez de Rivera fue una vida de película, o mejor dicho, se podría equiparar a una tragedia, y por eso no es ninguna casualidad que en estos días se estrene en Madrid una obra teatral dedicada a esta mujer adelantada a su tiempo, que vivió un auténtico drama personal y que fue un personaje destacado de la Transición (Ver Hemeroteca).

Nació en una familia aristocrática durante el franquismo y fue hija ilegítima del cuñado de Franco y destacado falangista, Ramón Serrano Suñer. Ya adulta se enamoró sin saberlo de su hermanastro con quien ya hacía planes de boda. Este trauma sentimental provocó que se fuera a África, e incluso que llegara a plantearse ingresar en un convento. Finalmente volvió a España y acabó convirtiéndose en protagonista de la Transición, por lo que el escritor Francisco Umbral llegó a denominarla “musa” de la Transición.

Amiga del rey Juan Carlos I y de Adolfo Suárez desde hacía años, cuando se produjo el nombramiento de Suárez como presidente de Gobierno, trabajó para él como su jefa de gabinete, entre julio de 1976 y mayo de 1977. Su mutuo deseo de llevar al país a la democracia y la sincera personalidad de ella, capaz de decir siempre lo que pensaba, la llevaron a este destacado puesto que ninguna otra mujer ha llegado a ocupar en España hasta la actualidad.

Desde ese destacado puesto influyó decisivamente en Suárez y en el Rey para hacerles ver que España no llegaría a la democracia si no legalizaba a todos los partidos políticos, y especialmente al Partido Comunista de España pese a la oposición de los mandos militares. Al ver la excesiva prudencia de Suárez tomó la iniciativa en diferentes ocasiones, por ejemplo afirmando en prensa que votaría a favor de la legalización del PCE si hubiera un referéndum, o encontrándose con el líder comunista Santiago Carrillo en un acto público en Barcelona, el 19 de enero de 1977.

De esta manera presionó al Gobierno para que se permitiera el funeral multitudinario protagonizado por PCE por las víctimas de la matanza de Atocha del 24 de enero, y para que se produjera la primera entrevista entre Suárez y Carrillo, el 27 de febrero. Finalmente cuando se produjo la legalización del PCE, el 9 de abril, ella escribió exultante en su diario: “Sábado rojo: se acabó la dictadura fascista”.

Esta actuación llevó a Carmen Díez de Rivera a tener frecuentes broncas con su jefe Suárez, a que le presentara varias veces su dimisión, y a que su relación deteriorada acabara por causar su salida de Moncloa, especialmente cuando ella le criticó a Suárez que decidiera crear un partido político, la Unión de Centro Democrático, para presentarse a las elecciones generales del 15 de junio de 1977.

En un mundo tan machista como el de la Transición fue duramente criticada, especialmente por los medios de comunicación ultraderechistas que llegaron a acusarla de ser espía de la Alemania comunista en plena Guerra Fría, y se inventaron incluso que se encontraba en arresto domiciliario por este acto de traición. Después ingresó en el Partido Socialista Popular de Tierno Galván, y terminó su carrera política defendiendo enérgicamente sus ideas ecológicas y feministas como eurodiputada del PSOE, antes de morir prematuramente por cáncer en 1999, a los 57 años.

EL ATENTADO DE CARRERO BLANCO, EN VARIEDAD DE DOCUMENTOS

Esta es una invitación para que todo aquel que esté interesado en el atentado de Carrero Blanco, que se produjo hace 50 años en la céntrica calle madrileña de Claudio Coello, pueda escuchar y ver documentales, pueda echarle un ojo a libros, pueda leer artículos y reportajes, o pueda navegar por diferentes webs que ofrecen fotografías e infografías.

El atentado del presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco es un hecho que puede suponer el inicio de la Transición hacia la democracia ya que el fallecido tenía la misión de mantener el régimen franquista, junto al rey Juan Carlos I, a la muerte del dictador. Por eso, por la espectacularidad del atentado y por los misterios que siguen rodeando al magnicidio, sobre este hecho histórico se puede seguir estudiando e investigando con los múltiples documentos que se ofrecen en la página que se le dedica en esta web, el primero del apartado de los ACONTECIMIENTOS, estructurados por años.

En el año 1973 se halla la página titulada “ATENTADO CONTRA CARRERO BLANCO”, en la que se puede leer primero un breve resumen sobre lo que sucedió, para pasar posteriormente al apartado “AUDIOVISUALES” donde se ofrecen enlaces a diferentes documentales con sus correspondientes reseñas.

Posteriormente se encuentra el apartado “BIBLIOGRAFÍA” que ofrece una mirada a libros escritos en estos cincuenta años, así como enlaces a conferencias e investigaciones sobre el magnicidio.

A continuación, en el apartado “ENLACES” se ofrecen vínculos a diferentes páginas webs donde se pueden encontrar biografías de Carrero, y fotografías e infografías sobre el atentado que sufrió el 20 de noviembre de 1973.

Por último, el apartado “HEMEROTECA” muestra unos resúmenes y enlaces de las noticias aparecidas en la prensa sobre el atentado, desde las que se han publicado estos últimos días hasta las que se publicaron en aquellos días finales de 1973.

Se trata sin duda de una interesante y variada compilación de materiales sobre el atentado, que seguirá renovándose constantemente en cuanto se emita sobre el atentado de Carrero Blanco algún audiovisual o cuando se publique algún libro, alguna investigación académica o algún artículo o reportaje periodístico. 

¿A QUIÉNES LES INTERESABA LA MUERTE DE CARRERO BLANCO?

El coche de Carrero Blanco, en el balcón interior del colegio jesuita, tras la brutal explosión ([bendito], CC0, via Wikimedia Commons)

Desde que se produjo el violento asesinato de Luis Carrero Blanco, hace ahora 50 años, han quedado muchas dudas sobre quiénes fueron sus autores y, sobre todo, a quiénes les interesaba la muerte del presidente del Gobierno. Los informes  policiales que alertaban desde hace meses sobre la posibilidad de que ETA cometiera un atentado en Madrid, el túnel subterráneo construido durante más de una semana bajo la calle Claudio Coello muy cerca de la Embajada de Estados Unidos y sus servicios secretos, y el extraño nombramiento posterior como nuevo presidente del Gobierno de Arias Navarro quien, como ministro de Gobernación, debería haber protegido la vida de Carrero, son algunas de estas preguntas que quedan sin contestar. 

El asesinato de Luis Carrero Blanco fue rápidamente asumido en rueda de prensa por la organización terrorista ETA, y prácticamente todos los historiadores y periodistas especializados coinciden en su autoría. Su objetivo con este ataque (inicialmente habían pensado en el secuestro) fue hacer el máximo daño posible al terminal régimen franquista ya que el dictador acababa de nombrar a Carrero presidente del Gobierno como parte de su deseo de “dejarlo todo atado y bien atado”, con el que pretendía que su régimen se mantuviera después de su muerte. También se ha destacado como posible objetivo etarra que este gran golpe servía para anunciar su disposición de llegar hasta donde sea para conseguir sus metas nacionalistas.

Algunos historiadores y analistas dudan de la auténtica capacidad organizativa de una incipiente ETA para realizar ellos solos el atentado, y de hecho miembros de la organización etarra afirman que un hombre misterioso les dio la información sobre las rutinas matutinas de Carrero Blanco que les sirvió para realizar el asesinato. 

Tampoco se puede negar que el atentado de Carrero le vino especialmente bien a Carlos Arias Navarro. Este era entonces ministro de Gobernación y como tal, máximo responsable de la seguridad personal de Carrero. Pero cuando se pensaba que sería represaliado por no haber evitado el atentado, el Caudillo decidió sorprendentemente nombrarle nuevo presidente del Gobierno. 

El presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, con Francisco Franco en octubre de 1975 (Autor desconocido, CC BY-SA 3.0 NL, via Wikimedia Commons).

Arias Navarro tenía muy buena relación con el sector más inmovilista del régimen y formaba parte de la camarilla que rodeaba constantemente al dictador y a su familia. Algunos creen que si, ante los reiterados informes policiales alertando de la presencia de etarras en Madrid, no se evitó el atentado es porque al “búnker” le interesaba la muerte de Carrero. La famosa frase pronunciada en el discurso de Navidad de Franco, pocos días después del atentado, en la que indicaba que “no hay mal que por bien no venga”, también impulsa esta versión. 

Está confirmada también, por otra parte, la estrecha colaboración que mantuvo el comando etarra que realizó el atentado con diferentes personajes de la oposición izquierdista al régimen. Así, desde ETA se escribió poco después del atentado un libro relatando cómo se desarrolló el operativo titulado “Operación Ogro. Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco” y firmado por Julen Agirre, un seudónimo de la militante comunista Eva Forest, pareja del dramaturgo Alfonso Sastre. Ambos dos, miembros disidentes del Partido Comunista de España, habrían ayudado decisivamente a los etarras en su preparación del atentado, con el mismo objetivo de erosionar al franquismo, como ETA.

Y por último caben destacar también las teorías que implican a gobiernos de otros países en el magnicidio, dirigidas principalmente al papel de Estados Unidos y sus servicios secretos, la CIA, ya que llama la atención que el atentado, con todos sus preparativos, se realizara muy cerca de la Embajada norteamericana así como que el Secretario de Estado Henry Kissinger saliera precipitadamente de Madrid la noche anterior al atentado, concluyendo la visita oficial que estaba realizando entonces. 

Kissinger, recientemente fallecido el 29 de noviembre de 2023, a los cien años.

El motivo de esta implicación estadounidense sería la supuesta postura de Carrero que podía dificultar un nuevo acuerdo militar bilateral. No obstante, dos historiadores tan diferentes como Javier Tusell (“Carrero, la eminencia gris del régimen de Franco”) y Ricardo de la Cierva (“Dónde está el sumario de Carrero Blanco”) han descartado esta opción. Incluso este último va más allá citando a la KGB, servicios secretos de la Unión Soviética, como fuente de apoyo a los comunistas que habían colaborado con ETA en el atentado. Y es que todos estos hechos se produjeron en plena Guerra Fría…

ASÍ FUE EL ATENTADO CONTRA CARRERO BLANCO

Este mes se cumplen 50 años del atentado de Carrero Blanco, quien llevaba apenas medio año siendo presidente del Gobierno nombrado por el ya débil dictador Francisco Franco. Además de la importancia política de la víctima, aquel atentado cometido por una incipiente ETA también fue llamativo por su realización, con una tremenda explosión en pleno centro de Madrid que hizo literalmente volar el coche en el que viajaba Carrero Blanco con su escolta y su chófer, hasta el punto que superaron la altura de cinco pisos de un edificio para acabar estrellándose en un balcón interior.

Esta fue la habitual ruta que siguió Carrero Blanco la mañana del atentado saliendo de su domicilio y parándose en la Iglesia de San Francisco de Borja, frente a la Embajada de Estados Unidos, para posteriormente regresar a su domicilio por la calle Claudio Coello donde se produjo la explosión.

Aquel 20 de diciembre de 1973, como cada mañana, Carrero Blanco hizo un breve recorrido en su potente coche oficial, un Dodge negro no blindado de dos toneladas de peso, para ir a misa y después regresar a su casa para ya posteriormente desplazarse a donde se encontraba entonces la sede de Presidencia de Gobierno (Castellana, 3), e iniciar su intensa jornada de trabajo.

(1) Poco antes de las nueve de la mañana, Carrero salía de su domicilio, situado en el número 6 de la calle Hermanos Bécquer, y se introducía en su coche oficial acompañado de su chófer José Luis Pérez Mógena y del escolta Juan Antonio Bueno, quienes también fallecieron en el atentado. Detrás, en otro Dodge de color gris viajaban otros dos escoltas, Miguel Ángel Alonso de la Fuente y Rafael Galiana del Río, ambos heridos en el atentado. 

Los dos vehículos se desplazaban apenas unos cien metros para dirigirse a la Iglesia jesuita de San Francisco de Borja, en la calle Serrano justo enfrente a la Embajada de Estados Unidos donde el presidente del Gobierno asistía todos los días a la misa de las nueve de la mañana. Allí se encontraba habitualmente con su hija Angelines para volver juntos en el coche oficial al domicilio de Carrero, pero ese día la hija salvó su vida ya que se había quedado en su casa cuidando de un hijo enfermo.

(2) A la salida de la iglesia, Carrero de nuevo en coche se disponía a regresar a su domicilio y para ello giraba a la izquierda por la calle Juan Bravo y posteriormente de nuevo a la izquierda para incorporarse a la calle Claudio Coello. 

(3) Cuando llegó a la altura del portal nº104 de esta calle, el comando etarra que había instalado en un túnel subterráneo una enorme carga explosiva, la activó provocando un enorme socavón en la calle y haciendo que el pesado coche del presidente saltara por los aires a unos 35 metros de altura para superar el edificio colindante, un colegio de los jesuitas, y acabar en una terraza interior.

A lo largo de los próximos días y en posteriores entradas de este blog se abordarán temas acerca de este espectacular atentado cómo a quién le interesaba la muerte de Carrero, si ETA actuó sola o con qué apoyos contó, por qué el presidente del Gobierno no contaba con una mayor protección policial, así como otros llamativos y sorprendentes datos sobre el magnicidio que protagonizó el final del franquismo.